ARTÍCULO DE OPINIÓN POR GINNA TATIANA MORERA
En los últimos días, los titulares en España parecen revivir una pesadilla que muchos de nosotros dejamos atrás hace décadas. “Detenidos tres colombianos del hotel okupa de San Blas por apuñalar a dos hombres durante un atraco”, se leía recientemente en la prensa. Días antes, en Palma de Mallorca, un hombre de 34 años apuñaló en el cuello a un guardia civil en un control de alcoholemia. Y en Madrid, otro colombiano de 31 años atacó a un hombre en el torso y la pierna, a las afueras de una discoteca.
Estos episodios, aunque aislados, construyen una narrativa colectiva peligrosa: la de que los colombianos hemos importado la violencia que juramos dejar atrás.
Recuerdo bien mi llegada a España hace 24 años. Si decías “soy de Colombia”, la respuesta inmediata era un eco de estigmas: “Pablo Escobar, coca”. Dolía, pero resistíamos con orgullo. Éramos pocos, sí, pero visibles por nuestra honradez y trabajo: en un locutorio, en la cocina de un restaurante, en la limpieza de un hogar. Demostramos resiliencia, demostramos que podíamos borrar las cicatrices de la violencia con nuestro don de gente, con esfuerzo y dignidad.
Por eso hoy me duele profundamente publicar noticias donde un colombiano apuñala a otro, donde algunos se entregan al robo, donde las peleas sin sentido empañan una noche de rumba, donde el irrespeto por las normas —el ruido excesivo, el descuido de los espacios públicos— nos retrata como incapaces de adaptarnos a la cultura de este país.
La pregunta se impone: ¿qué imagen dejamos entonces en una España donde los colombianos ya somos la nacionalidad extranjera que más llegó en el segundo trimestre de este año?
La respuesta no es alentadora. Si algunos continúan comportándose como delincuentes sin ley, como desadaptados que generan turbulencia en lugar de convivencia, será lógico que la sociedad española nos rechace. Será lógico que nos señalen a todos, incluso a los que llevamos años construyendo con trabajo silencioso una reputación distinta, justa y merecida.
Lo que está en juego no es solo la percepción pública, sino el esfuerzo de miles de compatriotas que hemos sembrado confianza a pulso. No podemos permitir que unos pocos empañen el rostro de toda una comunidad.












1 comentario. Dejar nuevo
eso no es nuevo ni de ahora.
esto comenzó en el año 2006…ahora es peor y porque tenemos la costumbre de decir que son unos pocos, son mucho y yo diría un 20 o 30 por cien de los colombiano…mientras en colombia baja la delincuencia crece en muchos países donde hay colombianos….mano dura!!!
Deportaciones Ya!!! a todos los delincuentes legales e ilegales.