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Cuando Colombia se encuentra en una taza de café y un pandebono

CRÓNICA
Cuando Colombia se encuentra en una taza de café y un pandebono

Por Ginna Tatiana Morera

Josepan y Juan Valdez unen dos sabores colombianos en España, en una alianza que también habla de emprendimiento, nostalgia y comunidad.

 

Hay lugares que uno visita para comprar algo y otros a los que uno entra para sentirse en casa.

Para mí, Josepan siempre ha sido de los segundos.

Recuerdo estar en casa con mi madre y decirle que quería un pandebono recién hecho, algo caliente. Ella me llevó a Josepan y, por un momento, sentí que podía viajar hasta mi querida Cali sin coger un avión.

Afuera estaba Madrid. Adentro, Colombia.

Conocí Josepan en 2002, en la calle de La Vía. Para mí era como llegar a una pequeña Colombia: colombianos entrando y saliendo, emprendimientos, conversaciones y, por supuesto, ese pandebono caliente que tantas veces fui a buscar.

Pero con los años entendí que Josepan era mucho más que una panadería.

Era un lugar de encuentro.

Recuerdo especialmente las novenas de Navidad. Allí participé haciendo las lecturas con los niños. Éramos muchas personas reunidas, rezando, cantando, comiendo buñuelos y pandebonos. Había nostalgia por estar lejos de casa, pero también había algo muy bonito: la sensación de no estar solos.

También recuerdo cuando, desde Radio Fiesta FM, organizábamos visitas a colombianos que estaban en prisión. Durante varios años, José nos apoyó donando buñuelos y pandebonos para llevarles.

Todavía recuerdo sus caras.

Algunos lloraban de emoción. Otros querían ser los primeros en probarlos.

Y es que a veces un sabor puede hacer mucho más que alimentar.

Puede recordarnos quiénes somos.

Por eso, cuando conocí la alianza entre Josepan y Juan Valdez, pensé que había algo mucho más grande detrás de esos cuatro productos colombianos que ahora llegan a sus tiendas en España: almojábana, pandebono, buñuelo y palito de queso.

Son dos historias colombianas que se encuentran lejos de Colombia.

Una nos trae el café.

La otra, los sabores de nuestra panadería.

Y ambas nos recuerdan algo que como colombianos en el exterior deberíamos repetir mucho más: juntos podemos crecer, apoyarnos y abrirnos camino.

Durante años hemos escuchado aquella frase de que “el peor enemigo de un colombiano es otro colombiano”.

Yo prefiero quedarme con otra idea.

Que cuando un colombiano ayuda a otro, cuando un emprendimiento abre espacio para otro emprendimiento y cuando nuestras historias se encuentran, todos ganamos.

Porque Josepan no es solamente una panadería para quienes llevamos años viviendo fuera.

Es recordar de dónde venimos.

Es pedir el pan de la esquina del barrio, pero en Madrid.

Es encontrarnos con otros colombianos y sentir, aunque sea por un instante, que estamos un poquito más cerca de casa.

Y ahora ese sabor también estará junto al café colombiano de Juan Valdez.

Quizás por eso esta alianza me emociona.

Porque detrás de un café y un pandebono hay mucho más que comida.

Hay memoria.

Hay migración.

Hay trabajo.

Hay nostalgia.

Y hay una Colombia que, aunque estemos lejos, seguimos llevando con nosotros.

Porque sí.

Aunque estemos lejos, siempre podemos regresar con un mordisco.

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Tags: cafe, Colombiano, colombianos, España, Europa, inmigrante, inmigrantes, josepan, juan Valdés, Madrid, Panaderia

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